Miles de percas a la parrilla

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Miles de percas a la parrilla

Mensaje por cipri_exocido el Dom 26 Ago 2012, 10:17

¿Podemos sostener que la cultura humana es única y argumentos antagónicos para referirnos a animales?

Los naturalistas actuaban en el siglo pasado como los centinelas. Alertaban del peligro de destrucción del planeta y reclamaban medidas. Sin ellos, nuestra fauna y flora habría ya desaparecido bajo el ladrillo y el asfalto, torturada por la contaminación y los detritus. Con el tiempo, los conservacionistas se han ido convirtiendo también en expertos gubernamentales, en autores de leyes y normativas, en severos policías del medio ambiente. Tienen poder. A menudo se imponen a la democracia: convencidos de que el bien natural es superior a la opinión general. No digo que no tengan razón: al fin y al cabo, la naturaleza no es sólo para nosotros, los que hoy podemos votar, sino para nuestros nietos y bisnietos, no nacidos.

Los ecologistas gubernamentales quizás defienden los derechos de la humanidad futura, sí, pero (como ha sucedido en general con los eurócratas) su capacidad de imponer normas y leyes en las democracias es a menudo despótica y arbitraria. Un caso de enorme repercusión económica es la importante reducción de regadíos que la UE (por denuncia de SEO-Birdlife) ha impuesto a determinadas zonas del canal Segarra-Garrigues en defensa de unos pájaros de secano (pájaros que, si las cosas se hicieran como pide el Compromís per Lleida, convivirían con el riego por goteo). Hay casos de arbitrariedad incluso pintoresca. ¿Cómo se entiende que, en plena crisis, y con dinero llegado de la exigente Europa del recorte, el año pasado se exterminaran todas las acacias del valle de Sant Daniel de Girona, que ya sombreaban las fuentes de aquel paraje idílico cuando mi padre era un crío? Al parecer, las acacias, arraigadas en nuestro país desde el siglo XVIII, son una especie invasora. Distinto, pero espectacular, es el caso del lago de Banyoles. Con fondos europeos, se han sacrificado 52.500 peces considerados invasores (black bass o percas, fundamentalmente). 52.500 peces sacrificados para promover el retorno de barbos y otras especies autóctonas que casi se habían extinguido.

No digo que no tengan razón. Repito: no lo digo. Pero los conservacionistas no pueden evitar que sus argumentos recuerden a los de los nazis que propugnaban la limpieza étnica y el predominio ario en Europa. Por respeto al pueblo judío, no quiero, ni puedo, comparar la shoah con la limpieza biológica del lago de Banyoles.

Pero pregunto: ¿podemos sostener unos argumentos maximalistas (no existen patrias ni más cultura que la humana) cuando nos referimos a las personas, y argumentos radicalmente opuestos para referirnos a animales? ¿Podemos considerar racista al ciudadano de Rotterdam que reclama vivir a la europea en su tierra natal, abrumado por un creciente poder islámico que ha conseguido imponer normas musulmanas en la vida municipal, mientras consideramos progresista eliminar del lago de Banyoles miles de black bass porque no dejan respirar a los barbos?

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