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SEÑUELOS BLANDOS PARA SPINNING

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Mensaje por cipri_exocido Sáb 27 Ago 2011, 11:46

Frente al fascinante aspecto al que nos tienen acostumbrados los señuelos duros, auténticas maravillas de la tecnología capaces de encandilar al más pintado, vamos a ocuparnos en esta ocasión de unos artificiales que, en comparación, pueden parecernos poca cosa. Unos sencillos trozos de material blando de simple apariencia, pero que, de llegar a conocer sus posibilidades, pasarán a convertirse en nuestros más fieles aliados para la pesca de un buen número de predadores marinos.

En los últimos años los señuelos duros han evolucionado de manera vertiginosa, y no solo en cuanto a características, sino también respecto a variedad y especificidad. Probablemente a día de hoy nuestras cajas rebosen de imitaciones detallistas en extremo, dotadas de llamativas libreas e increíbles matices. Fidedignas formas capaces de conseguir las más variadas acciones, los movimientos más incitantes, y con un potencial para alcanzar largas distancias realmente envidiable.
¿Efectivos? Por supuesto. ¿Irreemplazables? Desde luego que no. Pero tampoco los señuelos blandos han sido ajenos a los cambios, con la premisa de que estos comenzaron a transformarse con anterioridad. Desde hace algunas décadas, las texturas y formas, la variedad de colores y tamaños, no tienen nada que ver con los reducidos modelos de vinilos con los que iniciaron su andadura los primeros pescadores de basses. Y ha sido precisamente la pesca de esa especie la que popularizó su uso, la que propició los avances subsiguientes, y la que más técnicas ha desarrollado sobre su manejo antes de que estos artificiales encontrasen un lugar -al principio con bastante timidez- en las cajas de los pescadores de mar.

Las casas comerciales ofertan, cada vez en mayor número, vinilos marcados con la etiqueta de agua salada, en un claro intento por llamar la atención sobre este tipo de señuelos. Reproducciones realistas, gradaciones holográficas o siluetas muy estilizadas, van a caracterizar a muchos de estos artificiales de pretendida especificidad. Lo cierto es que no debemos tomar exclusivamente a estos saltwater como referencia, puesto que los diseñados para agua dulce nos van a ofrecer resultados igualmente válidos.

VINILOS VERSUS ANGUILONES. En lo que respecta al lance ligero en el mar, no es nada desacertado afirmar que los señuelos blandos, en confrontación con los duros, continúan siendo engaños poco utilizados y no demasiado conocidos. Si exceptuamos los populares modelos de las firmas Raglou y Delta Lures -principalmente-, que podríamos catalogar como sucesores de los primitivos anguilones o escabelas (creaciones rígidas que giran sobre sí con movimientos ondulatorios) y que supusieron una amplia mejora con respecto a estos en cuanto a movimiento, tamaños y colores, las imitaciones blandas no dejan de ocupar un escaso hueco en la caja de muchos pescadores.

Sea continuación de un estilo tradicional de pesca, una simple cuestión de confianza o como resultado de un verosímil boca a boca, es evidente que los anguilones cuentan con numerosos adeptos, siendo probablemente en muchos puntos geográficos el artificial blando más utilizado.

Los anguilones siempre han contado a su favor con la simplicidad de uso. Una recogida lineal y sin demasiadas florituras basta para que desarrollen ese peculiar movimiento entre ondulatorio y cimbreante que tan atractivo resulta. Además, es indudablemente un señuelo que mueve mucho pescado, funcionando muy bien con las tallas menores, pero perdiendo muchos puntos de interés frente a las piezas de enjundia.

Hablamos, por lo tanto, del artificial más indicado para iniciarse en el lance ligero y para ganar de manera rápida esa confianza que todos necesitamos de cara al mar. Pero, aunque es claramente un señuelo blando, el escalón que le sigue lo constituyen los vinilos, los cuales, con su disparidad de formas y encomiables acciones, nos abrirán todo un mundo de posibilidades, en parte vedadas a las familiares gomillas.

VINILOS: SUS VENTAJAS Y EL PORQUÉ DE SU EFECTIVIDAD. Todo predador, para atacar a un señuelo, necesita captar la sensación de que es algo vivo, que manifieste ante sus ojos una cierta apariencia natural. Evidentemente, también hay que contar con otros factores que inducirán la picada al actuar directamente sobre el instinto, elementos llamativos más o menos distantes de la realidad, entre los que podemos incluir formas singulares, vibraciones, brillos o sonidos. Pero en la mayoría de las situaciones, naturalidad (entendida como una recreación lo más verídica posible de una presa auténtica) y viveza (una acción dinámica que exprese desvalimiento o vulnerabilidad) serán las cualidades primordiales que deberán reflejar nuestros artificiales para lograr su cometido. Sensaciones que muy pocos señuelos duros serán capaces de transmitir fielmente, y que conseguiremos bordar al manejar estos artificiales de aspecto anodino pero tremendamente polivalentes, que se adaptarán a la perfección a casi cualquier circunstancia y especie predadora. Además, a estas características tendremos que añadirle el presentar una amplísima gama cromática, multitud de formas seductoras, una buena escala de tamaños y un precio realmente bajo; todos los ingredientes necesarios para configurar un engaño extremadamente valioso.

Por otra parte, si tuviese que traducir esta efectividad en cifras, no exageraría un ápice al afirmar que siete de cada diez capturas las consigo utilizando vinilos, y no precisamente por carecer de un amplio elenco de señuelos duros. Simplemente, en el día a día, los vinilos se adaptan mejor a las diversas situaciones y escenarios.

LOS MODELOS MÁS INTERESANTES. Por modelos y marcas comerciales no nos vamos a quejar. Potencialmente, todos son válidos, incluso las formas más extravagantes. Esto es, siempre que tengamos muy presente un axioma fundamental: las diferentes fisonomías se han de traducir necesariamente en unos requerimientos específicos a la hora de moverlos, teniendo en cuenta que el trabajarlos de manera mecánica y monótona favorece poco a estos señuelos.
• Jerkbaits: los más efectivos, desde mi punto de vista. Los mejores, aquellos que presentan una silueta pisciforme alargada y de cuerpo muy elástico. Podría desechar otros modelos de vinilo (incluso la mayoría de los señuelos duros) sin reparo alguno para quedarme con estos. Especialistas en conseguir capturas bajo cualquier circunstancia son, por antonomasia, auténticos todoterreno. La sensación de naturalidad, recreando el deambular errático, despreocupado o herido de un pez pasto que podemos llegar a conseguir con ellos, es casi insuperable. En nuestras manos estará animarlos convenientemente con golpes de puntera para conseguir apurar su capacidad de atracción.
• Tubos: curioso señuelo de cuerpo cilíndrico que a primera vista nos recordará vagamente al contorno de un pez rechoncho o a un pulpito. En realidad, no imitan a nada en concreto, residiendo su efectividad en el atractivo movimiento que presentan debido a su forma singular y a los flecos o tiras que llevan en su parte terminal. Elegiremos modelos con aspecto de pez y con flecos suficientemente largos. Admiten una recogida lenta y pausada sin perder un ápice de su acción, siendo especialmente válidos para trabajarlos en aguas claras y someras.
• Grubs: siempre me asombrará este artificial, que tiempo atrás me resistía a utilizar por considerarlo demasiado anodino o insustancial. Un cuerpo ahusado y una cola desproporcionada en forma de hoz que, pensaba, no iba a motivar a los predadores. Hasta que descubrí el indudable interés que despierta en las lubinas. ¿Qué le encuentran los predadores a este modelo? ¿Su hipotética y poco convincente pinta de gusano de mar? ¿El ágil movimiento vibratorio de su cola? Puede que este segundo aspecto sea determinante, o puede que sea precisamente su ingenua presencia lo que les llama la atención. Lo cierto es que los grandes ejemplares sienten una curiosa predilección por él y, desde luego, no solo seduce a las lubinas. Excelentes tanto en bajíos como en aguas profundas, y de manera muy destacada pescando el rebalaje.
• Worms: en definitiva, lombrices. Se caracterizan por presentar un cuerpo cilíndrico y alargado. Casi todos los diseños tienen por objeto la pesca del bass, pudiendo ser empleados en el mar utilizando las técnicas habituales para la captura de este. Sin embargo, su rendimiento en aguas salobres queda muy por debajo de otro tipo de vinilos, si exceptuamos los relativamente novedosos saltwater de perfil estilizado y de un logrado aspecto natural, que semejan una anguila o un lanzón. Básicamente, tendremos que animarlos como a los jerkbaits, pero pausando más los golpes de puntera. Funcionan realmente bien al estilo Texas.
• Pikies: clásica imitación que recrea la fisonomía de un pez. Podemos encontrar multitud de modelos con muy dispares características, incluso con sonajeros internos. Esta amplia gama abarca desde diseños muy simples hasta el realismo más sofisticado, que parece ser la tendencia actual. Su principal defecto suele ser el presentar un cuerpo bastante rígido, por lo que muchos de ellos están dotados de una cola más o menos esbelta y móvil, incrementándose su poder de atracción.

Suelen ir plomados interiormente, aunque también los encontraremos sin lastre, ganando estos últimos en versatilidad al poder utilizarlos con diferentes gramajes. Sin embargo, esta ventaja es solo aparente. Los modelos con el peso en el interior van a desarrollar un movimiento distinto (no mejor ni peor, simplemente diferente) al que podamos conseguir con estos u otros tipos de vinilo al montarlos en un jig head, y en esa acción característica es, a mi juicio, donde se cimenta casi todo su valor, justificando en parte su uso, más que por su apariencia más o menos realista.
• Shads: a pesar de su sencillo aspecto, recrean una acción increíble en superficie que, sin embargo, no alcanza a ofrecer los mismos resultados que pescando basses. Entre otros motivos porque al no poder lastrarlos tendremos muy limitada la distancia de lance, y aunque provoquen ataques de infarto, fallaremos demasiado a la hora de clavar. Para mi gusto, son simplemente una alternativa a utilizar en circunstancias concretas (movimientos muy elocuentes en superficie), sin que demuestren en la mayoría de las ocasiones una clara ventaja sobre señuelos duros como poppers o paseantes.

LAS PREFERENCIAS DE CADA ESPECIE. A priori, todo predador marino es susceptible de rendirse ante los encantos de un artificial de vinilo. Sin embargo, con determinadas especies encontraremos limitaciones en cuanto a resultados, principalmente por sus características fisiológicas:
• Lubinas y bailas: las lubinas aceptarán bien cualquier modelo. Los jerkbaits destacarán por su eficacia, pero los tubos y grubs no se quedan muy atrás. Acertar con el humor de este pez suele llevar aparejado agotar las opciones que nos brindan el uso de distintos señuelos, de manera que no debe importarnos cambiar de modelo cuantas veces sea preciso. Utilizaremos prioritariamente tamaños de cinco a diez centímetros, aunque sin descartar mayores dimensiones.

Para las bailas sirve todo lo anterior, pero mejor si restringimos el tamaño de cinco a ocho centímetros. Si los manejamos con jigs, procuraremos que trabajen cerca de la superficie. Mover los tamaños menores de vinilo con cualquier tipo de flotador pesado se revela a menudo como la técnica más provechosa en cuanto a número de capturas, aunque no será así si buscamos calidad.
• Caballas, jureles, espetones y palometas blancas: especies diferentes con hábitos similares que se pondrán a nuestro alcance con la llegada de las aguas cálidas. Aunque las podemos encontrar próximas a la orilla, con frecuencia necesitaremos lances largos, por lo que la técnica más provechosa pasará por el uso de un flotador pesado arrastrando pequeños jerkbaits de vinilo. No obstante, justo es decir que caballas y jureles (no así las otras especies) suelen preferir los anguilones o las escabelas, tanto más cuanto menor talla posean. También podemos utilizar tamaños cercanos a los 8 centímetros con anzuelos plomados, con lo que moveremos los mejores ejemplares.

Los espetones no van a despreciar medidas superiores, aceptando cualquier modelo; aunque la sobresaliente dentición de este pez nos puede dar problemas si pescamos en zonas donde alcance dimensiones importantes.
• Palometón y anjova: dos especies fácilmente excitables con la viveza que desarrollan los vinilos, los cuales, sin embargo, a causa de su aguda dentición, no son los artificiales más rentables para su pesca.

Particularmente, me gusta tentar a los palometones con jerkbaits, haciéndolos evolucionar arriba, provocando que se despeguen de la superficie dando algunos saltos. Es una técnica excelente para pescar al agua, y muy productiva a pez visto. Esto es, siempre que persigamos piezas modestas, y por supuesto arriesgándonos a clavar un buen ejemplar que engulla el vinilo y nos corte el sedal.

También podemos utilizar vinilos de buen tamaño (que requerirán cabezas plomadas voluminosas, y por lo tanto pesadas) o recurrir a los hilos metálicos. Pero en ambos casos aminoraremos el atractivo del vinilo, que en mi modesta opinión no merece la pena usarlo en lugar de los señuelos duros, más apto para motivar a los mejores ejemplares.
• Otras especies: además de las anteriores, otras muchas especies se mostrarán vulnerables ante nuestros señuelos blandos, aunque muchas de ellas (salvo en épocas o puntos geográficos determinados) en contadas ocasiones serán objetivo específico del pescador costero de spinning, bien porque acostumbren a desenvolverse en fondos importantes, o porque su dieta no sea esencialmente ictiófaga. Capturas que siempre serán de agradecer, aunque tengan un carácter eminentemente ocasional o esporádico.

Entre otros muchos, abadejos, meros, corvinas, lampugas e incluso algunos túnidos menores, sucumbirán sin reparos a la práctica totalidad de nuestros señuelos blandos de situarse a una distancia de lance asequible. Especies como los sargos (principalmente los de talla), las obladas (muy activas en la caza de alevines) o las chopas, no evitarán morder nuestros vinilos a condición de que presenten un tamaño discreto y una recogida lenta.

Alfonso Sergio Barragán
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